Camisa de rayas de Asos (Now we are free)

A ver qué os cuento hoy. Que sí, que llevo una camisa de rayas de Asos, marca a la que últimamente me estoy aficionando.

¿Me apetece escribir que me la he puesto con un cinturón dorado y unos pantalones vaqueros de Zara super cómodos? Pues no. Realmente me da igual no escribir ninguna de estas chorradas para que el estúpido robot de Google me posicione. Mira cómo paso de ti, Google, que te vayan dando viento.

La realidad es que estoy pasando un momento un poco raro y yo creo que de ahí viene el apasionamiento supino de mis últimos posts. Estoy que quiero salir volando, corriendo, nadando… hacer algo que me dé velocidad para ir hacia ninguna parte. Quiero ponerme un vestido vaporoso y dejar que el viento o la marea me lleven sin preocuparme, destapar la caja de los truenos y llorar con libertad.

Ya no es que me llame la escritura, es que me grita, me exige. ¿Volveré a mi primera vocación seria, aquella que abandoné por estudiar una carrera rentable y todo lo que vino detrás? Me iré al campo, desempolvaré mis absurdos escritos adolescentes, tan dramáticos como poco realistas, me pondré un jersey grueso y recordaré todas aquellas historias sin final, los besos canallas, el olor del frío y las aceras húmedas. Es posible que olvide toda contención y vergüenza, saldrá todo el desgarro… Sí, es posible.

Quizás sólo estoy cansada este año. A  lo mejor es que me gusta hacer demasiadas cosas y así nunca llegaré a nada con ninguna… O que la cabra siempre tira al monte, que debe de ser de otro planeta, porque yo hace tiempo que despegué de éste.

Camisa de rayas de Asos 4

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(Parece que sí, que abandono la English version. Traduzca usted “la cabra tira al monte” y que va a salir todo mi desgarro… Se requiere más paciencia de la que yo tengo en la actualidad).

Camisa de rayas: Asos (click aquí)
Vaqueros y sandalias: Zara
Cinturón: H&M
Bolso: Carolina Herrera

El hombre más guapo del mundo: David Gandy

Es muy difícil ponerse de acuerdo en muchas cosas, pero ante ciertas evidencias, hasta mi madre y mi suegra coinciden: El modelo británico David Gandy es el hombre más guapo del mundo y a mucha distancia del resto.

Da igual con quién lo compares. Su atractivo, elegancia y masculinidad son tan evidentes como apabullantes. Es de esas personas a las que no puedes dejar de mirar y a quien nunca le sacarán una foto mala. Incluso las modelazos que lo acompañan en los anuncios se tornan en niñas insípidas a su lado.

Y es que David, es mucho David. Este ejemplar de 1,88 de estatura y 34 añitos posee un musculoso cuerpo a prueba de fiambre, unos ademanes masculinos nada ambiguos e incluso una voz grave. Por tener, tiene hasta algo super importante para mí: las manos grandes y fuertes, con las uñas cortas y limpitas.

Dejémonos de tonterías. David Gandy es un macho alfa en toda regla y, por el momento, hasta parece humilde y todo. Le he oído decir que él es sólo un chico de pueblo y que no le gustan su pelo -lo ve ridículo- ni su nariz. Pero David, ¿para qué quieres ser tú un hombre chato? Los hombres chatos no van a ninguna parte y tú… pues vas a todas partes con quien quieras. A lo mejor es ese el problema.

Lo peor de David es, quizás, que es demasiado guapo, demasiado de todo. Terminará siendo maleado por las mujeres si no lo está ya, eso seguro. Las personas a las que sólo se halaga la cáscara, rara vez se preocupan por cultivar el condumio. Yo lo disculpo un poquito porque ¿cómo va a cultivar nada? Si vaya adonde vaya todas las mujeres, ya sin filtro ni mesura, se le tiran encima en plancha.

No hablo de David, al cual no conozco. Él sólo me sirve de excusa para escribir a letra suelta sobre lo que me apetece, como siempre.

Recuerdo al hombre más guapo que he conocido en mi vida (marido aparte, claro está). Era un estilo a David, salvo que con los ojos color miel.

Estábamos en una fiesta y noté cómo mis amigas se revolucionaban, alineadas todas en la misma dirección. Cuando me giré para ver el motivo de tanta admiración, el David español vino directo hacia mí:

¡Hola!- me soltó sin anestesia.
Os juro que con toda humildad miré hacia atrás, pensando que le hablaba a otra.
- No, a ti, a ti. Te estoy hablando a ti. Yo te conozco.-
- Imposible- atajé con mucha seguridad.
- ¿Imposible por qué?- me dijo él.
- Es imposible porque yo me acordaría- Más claro el agua, anda que disimulo.

Pues resultó que sí me conocía. Cuando me explicó de qué, vaya que si me acordé. Pensé: “Andaaa, este es el cañón que pasó en coche y saludó a Fulanito en no sé qué sitio el verano pasado”.

Podéis pensar que con el Adonis éste tuve un historión. Pues no, pues no, pues no… Ese día fue estupendo y ante la envidia generalizada de mis congéneres estuve bailando y riéndome un rato con él, pues era bastante simpático. El pasaba de todo, menos desapercibido. Lo triste sucedió la siguiente vez que nos encontramos. Ahí, ya sin altavoces chunda-chunda, tuvimos que entrar en mi campo: el de la conversación y el toma y daca.

Una lástima, pero ese físico espectacular escondía un encefalograma absolutamente plano, así que preferí liberarlo por mi bien y ante la alegría del resto de las mujeres del mundo (lo siento por ellas). Y es que no sé qué percepción tiene los hombres de las mujeres de bandera, pero desde luego en lo que respecta a mi gusto, nunca he soportado, por muy guapo que fuera, a un ser narcisista, sin sustancia, autoenamorado de sí mismo, prepotente, vago y, para colmo, machista. Ese tipo de tíos son los que son capaces de soltarte un pero-mira-qué-biceps-tengo sin inmutarse ni, por supuesto, despeinarse (eso nunca).

Vuelvo a decir lo mismo que ya insinué antes. La culpa de que ellos sean así la tenemos nosotras por irles detrás, porque ni ellos ni nosotras estamos preparados para eso. Ellos, porque el que les duela la cara de ser tan guapos ya no tiene marcha atrás y nosotras porque estamos condenadas al sufrimiento. Nunca he sido sumisa ni pavurcia con los hombres, pero creo que sería mejor que las cosas volvieran a ser un poquito como antes: que fueran ellos los que tuvieran que conquistarnos a nosotras o, por lo menos, esforzarse algo. Qué menos que dejar la cosa en un cincuenta-cincuenta. Desde luego, si queréis un consejo, a la hora de ligar, lo mejor es que no te vean la intención y que crean que no tienes mucho interés, porque si no… Dolor por indiferencia.

 Han pasado los años y hace poco me reencontré con aquel Adonis de la fiesta. Como nunca tuvimos mucho interés, ni él en mí ni yo en él, nos saludamos efusivamente, y eso que lo reconocí de milagro. ¿Que por qué? Se le ha puesto cara de borrico, pese a seguir siendo muy simpático. Lo que tenía por dentro, ya se le ve por fuera, o a lo mejor soy yo, que cuando conozco a las personas las veo según su interior.

Ahora que observo las cosas desde la barrera y pienso en hombretones como David, no puedo evitar imaginarme el reguero de sangre de estúpidas mujeres que debe ir dejando en el camino. Al final se llevará el gato al agua una chica de físico corriente que sea lista y haya sabido hacerse valer no cayendo, embobada y babeando, a la primera. Eso no les gusta nada, ni a los guapos, ni a los feos, ni a los normales. Bueno, miento, sí les gusta: para esa vez primera pero para nada de después.

No sé. Quizás es que a mí nunca me han ido mucho los musculitos, porque donde se ponga una persona con inteligencia, chispa, bondad, con cosas que contarte, a un profesional a quien poder admirar por sus méritos y esfuerzos propios, que se quite el resto. Porque tanto a unos como a otros se les termina poniendo cara de lo que son y, ya en ello, los que eran los “guapitos” oficiales tienen más que perder.

En realidad, no debería opinar mucho, ni siquiera sobre David. Yo tuve suerte porque el mío tiene de todo y nos encontramos en el momento justo. Realmente cuando las cosas tienen que ser, parecen fáciles, pero si te empeñas en lo que no, formarás parte del reguero de sangre. Andad con cuidado.

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Y dice que viene por Málaga… Ya os contaré si me lo encuentro…

Vestidos largos baratos

Maravillosos vestidos largos baratos.

Mis amigas y conocidas suelen preguntarme a menudo dónde pueden comprarse un vestido largo para una boda o  fiesta o, simplemente por el gusto de tener uno para cualquier ocasión  pero, eso sí, sin que les cueste un dineral.

Hoy os doy varias ideas seleccionadas directamente de Asos, que si no luego me dicen que saco cosas muy caras. La verdad es que tienen muy bonitos vestidos que con cualquier aderezo o complemento te darán una presencia muy digna sin arruinarte. Lo mejor de todo es que estos vestidos se adaptan a todas: hay para chicas altas, menuditas, embarazadas o con curvas. Eliges según el que mejor se amolda a tu cuerpo, que todas tenemos derecho a ir guapas.

¿Los precios? Los que he seleccionado van desde 40 € hasta los 250 €. En una semana que llevo mirándolos ya se han agotado la mitad. Os recomiendo que os deis prisa. Por mí, hoy ha caído ya uno. A ver si adivináis cuál es. ¡Feliz compra!

Para verlos todos, click aquí; vestidos rojos, click aquí; vestidos azules, click aquí; vestidos negros, click aquí; vestidos rosas, click aquí; vestidos verdes, click aquí.

Vestido largo barato

 

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